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En el punto de mira, la fotografía por satélite


Cámaras de vigilancia, satélites que fotografían nuestras casas y a nosotros mismos, nuestros equipos monitorizados. Éste es el entorno en el que vivimos a diario. Nos vigila, pero se da de bruces con el derecho a la intimidad. Los límites los pone la ley, pero la tecnología cada día avanza más. Por eso, ahora se trata de acompasar el ritmo de ambas.

¿Recuerdan aquella película de Will Smith en la que era perseguido por la CIA utilizando un satélite y las cámaras que había por toda la ciudad? Se trata de Public Enemy, una producción estadounidense de 1998 que ahora estaría de plena actualidad. Pues lo que en el momento de su estreno parecía un futuro muy lejano, hoy en día es la realidad en la que vivimos.

Cierto es que la trama que se narra en el filme es ficción y, en estos casos, los argumentos se llevan al extremo, pero también lo es que, en nuestros días, sería posible. Nos rodean cámaras de seguridad no sólo en edificios y entornos privados, sino que cada vez son más los ayuntamientos que instalan este tipo de dispositivos en las calles con diferentes motivos. También lo es que los satélites cada vez tienen mayores capacidades fotográficas y que, a modo de Gran Hermano, son un ojo que todo lo ve y controla.

Desde hace décadas conocemos el envío de satélites al espacio, básicamente dedicados a facilitar las comunicaciones, pero también a predecir el tiempo, por ejemplo. Sin embargo, las especulaciones sobre sus reales funcionalidades llevan años circulando entre nosotros, con el espionaje como principal motivo de sospecha. Sin embargo, con los años, sus capacidades han evolucionado hasta llegar al gran público, mostrándose como un medio curioso y entretenido de ver el relieve de nuestros paises, nuestras ciudades o incluso nuestras calles. Sin embargo, ha llegado a convertirse en una herramienta tan poderosa que puede ser utilizada para fines no tan amables.

Así las cosas, desde sus primeros pasos hace poco más de seis años, la evolución de este tipo de aplicaciones ha sido vertiginosa y se está librando una batalla en la Web por ver quién consigue atraer a más internautas. La guerra está servida, los principales combatientes son Google y Microsoft, que actualmente están inmersos en una carrera por lograr tener las fotos con mayor resolución de las calles y paisajes de todo el mundo.

Lo cierto es que hay muchos modos de evaluar un mapa on-line, el barrido panorámico de las vistas de sus calles o la precisión con la que ofrecen direcciones e incluso por el número de reseñas de restaurantes que tengan. Sin embargo, una forma cada vez más popular de valorarlos es estudiando con precisión sus fotografías aéreas. Este tipo de imágenes suelen ser capturadas desde satélite y proporcionan un detalle del mundo real del que carecen los mapas generados por ordenador.

En estos momentos, las armas están alzadas entre los dos principales cartógrafos de Internet, que están luchando para ver quién de los dos mantiene la supremacía técnica en el campo de las imágenes del mundo a vista de pájaro. Para lograr ser el vencedor, tanto Google como Microsoft han anunciado unos acuerdos que pueden ser claves en esta “guerra”.

Así, Microsoft firmó el pasado 7 de octubre un acuerdo multianual con DigitalGlobe para utilizar su librería completa de más de 177 millones de millas cuadradas de fotografías de la tierra en Virtual Earth y Live Search Maps.

Cada vez más cerca

Hasta el mes pasado, el acceso a esta librería de imágenes, algunas de ellas tomadas con resoluciones tan precisas como 2 pies por píxel de pantalla, ha sido exclusivo para que Google lo utilizara en sus servicios Google Maps y Google Earth.

“En los últimos dos años se puede decir que la capa de cobertura de alta resolución de Microsoft no era tan extensa como la de Google”, declara Michael McCarthy, director senior de desarrollo de negocio de DigitalGlobe. Pero ahora, gracias al acuerdo con DigitalGlobe, aunque no es exclusivo, sí supone “un esfuerzo por su parte para conseguir ponerse al mismo nivel”.

El día siguiente de firmar este acuerdo, su principal rival, GeoEye, mostró las primeras fotos en color tomadas por su satélite GeoEye-1, que fue recientemente lanzado al espacio y que consigue imágenes con una asombrosa resolución de 1,3 pies por píxel.

Hasta que dentro de unos años podamos acceder a las imágenes de GeoEye-1, Google lidera el mercado y es que, aunque aún quedan años para que se pueda acceder, de manera comercial, a las imágenes de GeoEye-1, parece indiscutible el liderazgo de Google sobre Microsoft en este tipo de mapas con una calidad de imagen tan real. ¿O no? Cuando GeoEye-1 comience a tomar fotos oficialmente a finales de este otoño, será capaz de cubrir hasta 350.000 millas cuadradas al día, lo que supone más o menos la mitad de la superficie del estado de Texas. Lo cierto es que Google ha apostado fuertemente por GeoEye, pero también lo es que Google no es el único cliente de GeoEye, ni tan siquiera el más importante, pues la mayor parte de los clientes de la compañía son gobiernos y organizaciones militares.

Aunque GeoEye intenta “ser muy receptivo al área del mundo que Google demanda”, declara Brender, no siempre será el primero de la lista. Como resultado, “les llevará algún tiempo”, tal y como ha admitido un portavoz de Google, antes de que los nuevos mapas de GeoEye estén disponibles en Google Earth. Mientras tanto, Google continuará utilizando los mapas de DigitalGlobe, los mismos a los que ahora tiene acceso Microsoft, para muchas partes del mundo.

Incluso cuando los mapas de Geo-Eye estén disponibles, Google no podrá mostrarlos a su máxima resolución, porque las normas de seguridad estadounidenses regulan las fotos tomadas por satélite. En lugar de ello, Google deberá reducir la resolución hasta los 1,6 metros por píxel.

Por otro lado, DigitalGlobe planea lanzar su satélite WorldView-2 en el tercer trimestre del próximo año. Según adelanta McCarthy, quien explica que tomará fotografías a color que al menos, igualarán en resolución a las de Geo-Eye-1 e incluso podrá mejorarlas si se liberalizan para entonces las leyes de Estados Unidos. La guerra dialéctica sobre quién es el que tiene la mejor galería de imágenes es también discutible, porque las normas gubernamentales de Estados Unidos también permiten a Google y Microsoft utilizar fotografías con una resolución mayor a los 1,6 pies por píxel, es decir, aquellas tomadas a vista de pájaro desde un aeroplano o un globo.

Microsoft, por ejemplo, muestra imágenes aéreas de más de 200 ciudades que fueron tomadas a una resolución de 6 pulgadas por píxel. Google también cuenta con fotografías aéreas de ciudades seleccionadas con la misma resolución.

Mil ojos nos siguen

Pero no sólo podemos sentirnos vigilados por los satélites, que, a fin de cuentas, nos resultan más lejanos y son menos perceptibles. Vivimos rodeados de cámaras de vigilancia que, si bien persiguen unos objetivos muy lícitos, reducir los niveles de delincuencia, también pueden convertirse en un incómodo vecino que nos intimide y coarte nuestra libertad de acción.

Hoy en día, las cámaras de vídeovigilancia IP son cada vez más populares en todos los ámbitos, pues ofrecen un abanico prácticamente ilimitado de aplicaciones, respetando siempre los límites que la ley establece. Es el caso de la educación (para la detección y análisis de conductas delictivas o control de asistencias), el comercio minorista (conteo de personas, control de stocks, análisis de conductas de compradores, control del manejo de las cajas), industria (control de procesos) y transporte (acciones delictivas, prevención de actos terroristas), sin pasar por alto las Administraciones Públicas (protección de edificios públicos y del Patrimonio y por el control de tráfico). Y, por supuesto, los usuarios particulares, que probablemente se decantarían por una solución básica de videovigilancia que estaría compuesta por una única cámara conectada a Internet a través de un router ADSL con una dirección IP fija. Al tener la cámara su propia dirección IP, para poder ver las imágenes sólo tendríamos que conectarnos a Internet desde cualquier ordenador. Eso sí, al ser una solución básica, únicamente podrá ver las imágenes en directo, en el mismo momento en el que se están produciendo, ya que no se realizaría ningún tipo de grabación. Si pensamos en alternativas más complejas, el software juega un papel crítico, pues hay soluciones que permiten identificar números de matrículas o reconocer caras, entre otras cosas.

Pero precisamente por estas posibilidades y su confrontación con el derecho a la intimidad, la instalación de las cámaras implica, a su vez, una serie de medidas dependiendo del lugar de implantación: hay zonas donde sólo es posible la visualización, pero no es posible la grabación; otras donde se puede grabar, pero es necesario destruir lo almacenado en un corto período de tiempo; y hay sectores, como la banca, que necesitan guardar al menos quince días sus imágenes.

Para que no haya problemas, por tanto, es necesario seguir unos procedimientos básicos dependiendo del entorno en el que se instalen. Desde avisar de la colocación de los sistemas hasta dar a conocer la finalidad de la grabación, las personas autorizadas a visionarlas y la conservación de las imágenes.

Fuente: PartnerZone Seguridad

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